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5 de septiembre de 2016

La decadencia en su punto atiborrado

Por Sergio Velázquez

 
Pareciera que el pozo al que cayó el Rayadito no tiene fondo, ya que se hunde más y más y no puede zafar de él. Un bajón preocupante que ya llegó al colmo de dejarlo último en la tabla de promedios y sin depender de sí mismo para salvarse del descenso. ¿Porqué se llegó a esto?

La llegada de Blas Romero tampoco ha beneficiado en nada hasta aquí al equipo. No mejoró futbolísticamente, no obtiene los resultados que necesita, hay jugadores que siguen en la titularidad sin merecerlo y otros que injustamente están afuera. En este último partido lo cambió inexplicablemente a Mathías Martínez, cuando en él estaba el arma con el que se podía atacar a Independiente. 

¿Qué pasó del equipo que sólo era irregular? Cómo lo extrañamos. Sí, a ese equipo que no era el más deseado, pero que, al menos, no tardaba más de dos o tres jornadas en volver a ganar. Porque el de ahora ya no le gana a nadie. El equipo que era bipolar pasó a ser bondadoso, regalando puntos y empates a otros.

Pasó el tiempo y la añoranza y la posibilidad de subir, al quedar diluidas, se transformaron en deseo de no bajar. Ese deseo que ahora parece imposible, como lo terminó siendo el anterior, pero la sensación de fracaso ya sería mucho más desagradable.

¿Cómo puede ser que la realidad pasara a ser ésta? ¿Cuál fue el motivo por el cual se cayó a este precipicio que parece no tener escapatoria? Es desesperante verlo a San Lorenzo cada vez más cerca de la B. Duele, cuando ayer nomas era un equipo de Primera División. Impotencia da ser testigo de un barco que se hunde y nadie hace ni dice nada para ayudar a que se desmorone.

El descenso era una probabilidad desde que empezó el año, eso es indiscutible. Sólo que ahora es más alta, mucho más alta. Ahora, ni si el Rayadito gana los cuatro partidos que le queda garantiza la permanencia. 

¿Dimensionarán el tamaño del fracaso estos dirigentes? ¿No les da ganas de renunciar y dejarle el timón a alguien que pueda ser la solución? ¿No se dan cuenta que por su soberbia e inutilidad las cosas terminan así? Si no pueden con esto y son conscientes de ello dejen el club, dejen de perjudicarlo; dejen de mancharse a ustedes mismos.

 

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