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28 de mayo de 2017

La honestidad, ¿utopía o necesidad?

La honestidad quizás sea uno de los valores más básicos y universales, imprescindible para poder construir la convivencia humana y establecer una buena relación entre las personas, Gobiernos, instituciones, etc.

Ilustración: gentileza.


Hablar de la honestidad, hoy, es un buen tema de conversación, pero no hay muchos interesados. El mundo necesita que los seres humanos vivamos con honestidad, con coherencia con nuestros propios principios y nuestro sentido del Bien y la Justicia. Es decir, con una cierta unidad entre pensamiento, sentimiento y acción que se manifieste en sinceridad y fortaleza moral para no dejarse arrastrar por las oportunidades de corrupción que se nos presenten.

La palabra corrupción implica muerte, descomposición, dejar de ser lo que es para convertirse en algo que no es. Si el cuerpo físico se corrompe, es decir se enferma, hay que llevarlo al médico para su tratamiento. Si el ser humano en su más alta dignidad, mental y espiritual se corrompe hay que llevarlo a recuperarse en sus más altos conceptos de Ética y sentido espiritual de vida. Quizás los filósofos, los buscadores de la sabiduría, sean los médicos de tan alto encargo.

Las fuentes de sabiduría del cual nos vamos a servir para sanar la corrupción deben ser los más altos ideales que la humanidad tiene en su haber, en su historia. Es recurrir a la memoria de la historia sin fanatismo ni convulsiones.

El hombre o la mujer honrados son fieles a sí mismos y coherentes con sus propios principios. No albergan ocultas intenciones. ¿Cuántas veces nos preguntamos qué intenciones tenemos cuando hacemos una actividad o un trabajo? Remuneración, satisfacción, cumplimiento u obligación, etc.

En el actual momento histórico, economicista y materialista nos hace recrearnos en los aspectos más materiales y de confort buscando los momentos de descanso y de placer. Si nuestro objetivo apunta hacia abajo, hacia lo material, el método que utilicemos para conseguir nuestros logros no va a importar mucho porque no hay principios superiores.

Pero si apuntamos hacia arriba, es decir, ser mejor como ser humano necesariamente vamos a tener que ser honestos con nosotros mismos, decirnos con sinceridad nuestros defectos y cualidades para potenciar las cualidades y eliminar los defectos. Aquí se define mi honestidad, si manda sobre nosotros los mejores principios humanos, lo superior, todo lo que nos rodea estará impregnado de los mismos principios. Ejemplo: Si los padres elijen los mejores principios para sus vidas en pareja, tendrán que trabajar sobre ellos mismos mejorando siempre. Este estilo de vida tendrá una consecuencia sobre sus hijos, como ejemplo y fuerza educadora que se reflejan en buenas costumbres que hacen innecesarias muchas de las leyes y restricciones. Las correctas actuaciones serán tan naturales que la honestidad estará con algo natural y no impuesta.


Ing. Joaquín Sánchez G.
Director de Nueva Acrópolis San Lorenzo.

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