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12 de mayo de 2019

El grave conflicto entre el párroco de San Lorenzo, Virgilio Roa, y la feligresía durante la construcción de la iglesia

Durante los casi cincuenta años que llevó la construcción de la iglesia de San Lorenzo, se produjeron varios acontecimientos, entre ellos un conflicto entre el cura párroco y la feligresía. En esta nota, lo recordamos.

Vista de la construcción. 

Margarita Durán Estragó en su libro “San Lorenzo del Campo Grande. Memoria histórica”: “Poco antes de concluir la guerra del Chaco, el padre Virgilio Roa se hizo cargo de la parroquia. Pronto se produjeron desavenencias entre el nuevo párroco y la presidenta de la Comisión Pro Templo, doña Leovigilda Castelví de Rolón, que motivaron la renuncia de todas las integrantes de dicha comisión.

A raíz de ese lamentable hecho, la curia metropolitana impuso un castigo al pueblo privándole de los actos religiosos, incluso las misas dominicales. Una vez trasladado el padre Roa a otro destino, se levantó la sanción y en 1939 llega como cura de la parroquia el padre José Velman, de nacionalidad holandesa”.

En su edición del 29 de junio de 1936, el periódico SAYOVΔ, órgano de la Asociación de Excombatientes de San Lorenzo, publicó el artículo que transcribimos más abajo, en el que se mencionan algunos antecedentes del impasse suscitado y trasluce la indignación que generó esta situación en el ánimo de la ciudadanía.

“PROFANACION Y LUDIBRIO: Hace ya rato, que en nombre de la discreción periodística, en nombre de la serenidad venimos conteniendo nuestros impulsos de indignación ante la befa vergonzante de que viene siendo objeto la fe religiosa en esta ciudad. Se invoca la Religión para ocultar el escarnio de un delito, se invoca la encarnación de la virtud: JESÚS; para cohonestar la permanencia de un perdulario al frente de la Iglesia, el tabernáculo sagrado del espíritu creyente, o se quiere imponer a San Lorenzo a pesar de la resistencia manifiesta de los creyentes más calificados y esforzados de mantener sin mácula la Doctrina del iluminado de Belén, como director espiritual, orientador religioso a un hombre que ha perdido toda su autoridad moral.

Hace ya meses que la Comisión de Damas Católicas que constituye, sin duda alguna la representación más genuina de la colectividad religiosa, que desde luego estaba compuesta de personas de indubitable moralidad y recato, había convocado al pueblo de San Lorenzo a una reunión expresándole que fueron objeto de un desdoro en su dignidad de señoras cuando pretendieron obtener el comprobante de un negocio que el Cura realizara, sin conocimientos de nadie comunicándole por toda respuesta, que ellas estaban suspendidas y por consiguiente tenían que entregar inmediatamente todos los fondos sobrantes a él. La Curia Eclesiástica que había nombrado esta Comisión, cuyo objeto no podría ser otro sino el de fiscalización, a no ser que se quiera aplicarle la función de recolectora de fondos destinados a la mantención de este Señor, ya que no habría control se prestó a los designios del Cura, no atendiendo la protesta del pueblo, y sin que por lo menos se dignara darle un tercer destino a este inubicable detentador del Ministerio Divino.

Si hemos abandonado nuestra habitual autoridad para atacar sin consideración es porque a ello nos induce la reacción lógica que infunde en nuestros espíritus un atentado en contra del bien público, por un lado, y por el otro el hecho de que ni el repudio general le causa vergüenza a este hombre. No concebimos que precisamente las personas que hacen profesión de la Religión, que quienes hubieran sido los maestros de las virtudes morales tengan que mantenerse en esta situación tan deshonrosa. Este sujeto, que por delicadeza personal ya hubiera, hace rato, buscado un puesto en otra parte para ejercer su Ministerio, se aferra cínicamente a este pueblo, echando manos de todos los medios a su alcance para combatir a la Asociación de ExCombatientes; tal el caso del paseo de Caacupé que se realizara, en el que pretendió devolver su pasaje a un Miembro de la Asociación por el solo hecho de pertenecer a esta Sociedad, y el otro consistente en no invitar a sus afiliados para formar parte de la Juventud Católica porque, dice, no le queremos bien a su persona. Ahora nos encontramos ante la paradoja de que la religión es el Cura y que este Solo es infalible, aunque haya fallado y que lo debemos aceptar como un destino cruel.

Es necesario que las autoridades se avengan a intervenir este caso ya que se han hecho las denuncias correspondientes, para evitar desaguisados de mayores proyecciones.

Obra en nuestros archivos el acta original de la protesta del pueblo, firmada por todas las personas de más respetabilidad en la ciudad, lo que nos autoriza, en defensa de los preceptos morales que deben ser piedra angular para toda sociedad civilizada, limpiar los mercaderes del templo hoy fustigando con el verbo y mañana cuando no se nos escuche el “látigo del Rabino”.

Por último, no permitiremos que sigamos siendo motejados de “comunistas” (cuanto que defendemos la misma religión de quienes pretenden mistificarla) en boca de las gentes sencillas, quienes de algún lado, quién sabe si no del propio Cura mismo, obtuvieron informaciones tan infamantes”.



Fuente: Silvio Avalos Sánchez

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